Esteban no pierde la cabeza porque la lleva puesta

Sus pies se despegaban una y otra vez de la tarima alfombrada color gris. Revoloteaba por todo el escenario como si fuera un ave a punto de tomar vuelo. Su traje color azul rey y sus zapatos de vestir no le impedían danzar como si fuera una estrella de rock. Su micrófono era su herramienta para mover los corazones de una congregación cristiana. Por detrás le acompañaba el sonido de la batería, guitarra, bajo y un grupo de coristas. Pero nadie estaba tan loco como él.

Esteban Rosales tiene 24 años y es un apasionado. A él no le importa hacer el ridículo y prefiere mostrar la gracia de Dios en su vida con los dones con los que fue dotado. Los que ya asisten a esa iglesia desde hace años ven sus movimientos de una forma natural. Mientras los que van por primera vez se preguntan “¿Quién es ese loco?”.

Este joven moreno, delgado y de estatura media, a pesar de que es una persona común en la vida cotidiana, se ha vuelto en un instrumento para motivar a toda una comunidad. Estudia marketing en la UTEZ, le gusta realizar videos y tiene su propio canal de YouTube. Convive con personas comunes.

Cuando era pequeño su familia lo animaba a bailar y a cantar para todos. A él le gustaba cantar pero nunca imaginó hacerlo para las demás personas. “Lo veía como un sueño. Como si estuviera pidiendo un Ferrari.” Después de la detección de cáncer de su abuela, su madre empezó a asistir a una iglesia, llamada El Shaddai. Es ahí cuando Esteban inició su vida espiritual a los 15 años. “Un día estaba  danzando y cantando hasta enfrente y el Pastor me pidió que subiera al altar. Me dio el micrófono. Se me aceleró el corazón y le pedí a la banda que tocara la única canción que sabía.” En ese momento empezó su ministerio para alabar.

A él no le importa lo que los demás piensen de él “Prefiero hacer el ridículo a que se pierdan almas”. Para Esteban todo el tiempo es predicar. No importa lo que haga él trata de dar lo mejor de sí mismo para que más personas vean el amor de Dios.

Es consciente de que las personas podrían llegar a juzgarlo pero él sabe lo que hace. Una noche Juan, un amigo que en ese momento empezaba a tomar el camino de la fe, lo invitó a una fiesta. Tocaron la puerta. Se escuchaba música. Se veían nubes de marihuana y apestaba a alcohol. Esteban solo se quedó sentado y no sabía qué hacer. Juan le preguntó “Qué… ¿no les vas a predicar?”. Fue como si le hubieran aventado un bote de agua helada. “Pues va”. Esa noche Juan le pidió al dueño de la casa que los sentara en círculo. Una pequeña muestra del 63% de la población mexicana consumista de alcohol accedió. No sabían de qué se trataba. En eso empezaron a predicar. “¡En el nombre de Jesús todas tus aflicciones se van!”. Empezaban a gritar y a decir lo que Dios podía hacer en sus vidas. ¿Quién estando cuerdo haría semejante locura? Sería como un suicidio social en estos tiempos. Pero Esteban y Juan lo hicieron. Todos empezaron a llorar. Chavos de veintitantos años le pedían que orará por ellos. Esa noche en la casa hubo silencio y paz.

Esteban es sinónimo de locura. “Las personas dicen que no pierdo la cabeza porque la traigo puesta”. Algo que lo caracteriza además de ser un atrevido y risueño cantante es su mente olvidadiza. Su equipo de alabanza están conscientes de eso. “A veces se le olvidan las letras de la canción”, comentó una de las coristas. Pero eso no le impide a Esteban transmitir lo que siente. “Cuando estoy en el altar cantando siento la presencia de Dios y al Espíritu Santo como si fuera un fuego”. Esteban danza y canta como Dios le da a entender, no como los demás quieren razonar.

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